Juan Luis Guerra
El 14 de febrero, el astro mundial de la música dominicana, hizo un paro colectivo.
Más de cincuenta mil personas dejaron a un lado su rutina sabatina, para bailar a un solo ritmo, el del más grande artista dominicano.
Se me había olvidado que no todo es color de hormiga en nuestro país, porque también, hay color rosa, como la bachata y el merengue de Juan Luis Guerra.
Fiesta del amor
El amor se vistió de fiesta, de una fiesta grandiosa que explosionó en un estadio repleto de fanáticos enardecidos por la figura de nuestro ícono universal de la música y sus acompañantes.
Los enamorados, los esposos, los amantes, los amigos, toda la familia quiso honrar el sentimiento más puro de la humanidad al ritmo de la bachata, del merengue y de la balada más ricamente estructurada en toda la historia de la música dominicana. Juan Luis ha roto todos los récords; ha paseado su ritmo en los cinco continentes, y ha recibido el aplauso y las ovaciones más encendidas de un público exigente y de gustos clásicos. Y a todo esto, el extraordinario cantautor dominicano, de quien nos sentimos orgullosos, ha mantenido su baluarte firmemente enhestado en todo lo alto, de tal forma que sus hermanos compatriotas lo veneran y admiran con una fidelidad absoluta, consignándole el título de profeta en su tierra. El veredicto fue dado: el pueblo se volcó en las arenas del Estadio Olímpico para aclamar al ídolo de multitudes, a nuestro orgullo y emblema, al único, Juan Luis Guerra.
No es lo mismo
No es lo mismo ni es igual escribir Una carta de amor que cantarla; hacer burbujas de jabón que hacer Burbujas de amor; ir a pedir la mano que venir A pedir su mano. Con un espectáculo tan grandioso como el de La Travesía tour de Juan Luis Guerra, no es imprescindible que un rocío nocturno caiga sobre el encendido público, porque basta y sobra con que llueva café y la multitud coree al unísono, la estrofa de esta pieza que apela a la esperanza del campesino de tierra adentro. Siempre valdrá la pena presenciar la magnificencia y la esplendidez de un hombre que, sobre tarima y fuera de ella, es la expresión misma de la dominicanidad. Si sólo tuviera ojos para seguir la ruta de Juan Luis Guerra, me la pasaría bailando todo el tiempo; me olvidaría de que cada día es una odisea pasando el Niágara en Bicicleta, y nunca se me ocurriría amarrarme a la idea de buscar una Visa para sueño. Pero puedo dar fe de que, Como yo, miles de dominicanos “sufrieron” los embates de la adrenalina, se les subió La bilirrubina y se les encendió El farolito al compás de una música que inunda los sentidos y el corazón de las más placenteras sensaciones. Ya no estaré decepcionado Si tú no bailas conmigo, porque lo que fue el día 14, mi corazón encontró una llave que abrió las puertas a un mundo de extraordinario disfrute musical. Juan Luis, no necesitas pedir cariño, porque tu pueblo, el que siempre te ha seguido y te respalda desde el primer día, te lo regala sin condiciones. “Cómo tú...” no hay ninguno. deferentetmartinez@hotmail.com
El 14 de febrero, el astro mundial de la música dominicana, hizo un paro colectivo.
Más de cincuenta mil personas dejaron a un lado su rutina sabatina, para bailar a un solo ritmo, el del más grande artista dominicano.
Se me había olvidado que no todo es color de hormiga en nuestro país, porque también, hay color rosa, como la bachata y el merengue de Juan Luis Guerra.
Fiesta del amor
El amor se vistió de fiesta, de una fiesta grandiosa que explosionó en un estadio repleto de fanáticos enardecidos por la figura de nuestro ícono universal de la música y sus acompañantes.
Los enamorados, los esposos, los amantes, los amigos, toda la familia quiso honrar el sentimiento más puro de la humanidad al ritmo de la bachata, del merengue y de la balada más ricamente estructurada en toda la historia de la música dominicana. Juan Luis ha roto todos los récords; ha paseado su ritmo en los cinco continentes, y ha recibido el aplauso y las ovaciones más encendidas de un público exigente y de gustos clásicos. Y a todo esto, el extraordinario cantautor dominicano, de quien nos sentimos orgullosos, ha mantenido su baluarte firmemente enhestado en todo lo alto, de tal forma que sus hermanos compatriotas lo veneran y admiran con una fidelidad absoluta, consignándole el título de profeta en su tierra. El veredicto fue dado: el pueblo se volcó en las arenas del Estadio Olímpico para aclamar al ídolo de multitudes, a nuestro orgullo y emblema, al único, Juan Luis Guerra.
No es lo mismo
No es lo mismo ni es igual escribir Una carta de amor que cantarla; hacer burbujas de jabón que hacer Burbujas de amor; ir a pedir la mano que venir A pedir su mano. Con un espectáculo tan grandioso como el de La Travesía tour de Juan Luis Guerra, no es imprescindible que un rocío nocturno caiga sobre el encendido público, porque basta y sobra con que llueva café y la multitud coree al unísono, la estrofa de esta pieza que apela a la esperanza del campesino de tierra adentro. Siempre valdrá la pena presenciar la magnificencia y la esplendidez de un hombre que, sobre tarima y fuera de ella, es la expresión misma de la dominicanidad. Si sólo tuviera ojos para seguir la ruta de Juan Luis Guerra, me la pasaría bailando todo el tiempo; me olvidaría de que cada día es una odisea pasando el Niágara en Bicicleta, y nunca se me ocurriría amarrarme a la idea de buscar una Visa para sueño. Pero puedo dar fe de que, Como yo, miles de dominicanos “sufrieron” los embates de la adrenalina, se les subió La bilirrubina y se les encendió El farolito al compás de una música que inunda los sentidos y el corazón de las más placenteras sensaciones. Ya no estaré decepcionado Si tú no bailas conmigo, porque lo que fue el día 14, mi corazón encontró una llave que abrió las puertas a un mundo de extraordinario disfrute musical. Juan Luis, no necesitas pedir cariño, porque tu pueblo, el que siempre te ha seguido y te respalda desde el primer día, te lo regala sin condiciones. “Cómo tú...” no hay ninguno. deferentetmartinez@hotmail.com